Mi primer día de universidad me desperté a las 6:30 am, como después seria una costumbre, vi a mi bebé aún dormida y pensé que de verdad no podía irme y no estar cuando despertara, pensé que no podría con la escuela sin descuidarla a ella, sin embargo, tome valor y salí a mi primer día de clases. Cuando llegué al que seria el lugar donde tomaría mis clases todo me parecía que estaba mal, extrañaba la universidad y la carrera en la que estuve antes de estar embarazada, extrañaba a mis ex compañeros, pero sobre todo extrañaba a mi bebé.
Supe que en ese salón jamás encajaría; todos parecía que están ahí sin ningún propósito futuro más que salir. La verdad no intente hacer amigos, me urgía ir con mi bebé.
Cuando terminó este primer día estaba decidida a no volver jamás, no dejaba de sentirme culpable, sentía que abandonaba a mi bebé cada mañana para irme a hacer crecer mi educación, me sentía una mala madre, pero ella no dejaba que me sintiera así al dormirse en mi pecho al llegar a casa y me recordaba que todo era por y para ella. También gracias a mi apoyo incondicional, Javier (el papá de mi hija) que nunca dejó que me rindiera, aunque yo jamás lo dijera.
Y desde ese primer día me propuse ser mejor de lo que jamás había sido, y como no hacerlo, si ahora tenia la razón más importante por la cual serlo; ella se merece que yo sea el mejor ejemplo.

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